Hace poco más de un mes una noticia pasó casi desapercibida: Napster cerraba su servicio. ¿Napster? ¿No había desaparecido hacía años? Pues sí, y no.
Napster fue cerrado por orden judicial en el año 2000 y condenado a pagar millonarias compensaciones por infracciones a la propiedad intelectual. Posteriormente se convirtió en un servicio de distribución de contenidos por suscripción y fue comprado por BestBuy en 2008. Para entonces el número de usuarios de Napster se había reducido de más de 20 millores a tan solo 700 mil suscriptores.
En octubre de 2011 BestBuy vendió Napster a Rhapsody, empresa que la absorbió y dió finalmente de baja el sitio en diciembre pasado.
Pero los millones de usuarios del servicio de descargas no dejaron de compartir y descargar archivos, la demanda existía y la oferta no tardó en atenderla, así aparecieron sitios como Megaupload en 2005 y muchos otros como Rapidshare, Mediafire, y 4Shared (este último resulta ser el más popular con 4 millones de visitantes únicos al mes en diciembre 2011 según Site Analytics).
Perdió Megaupload, seguramente sí, es poco probable que logre recuperarse y sobrevivir unos años como lo hizo Napster pues hoy la competencia en sitios de descarga es mucho mayor y los usuarios están mejor informados sobre las alternativas que disponen para el intercambio de archivos.
Pero, si la acción tomada el día de ayer por el FBI está pensada dentro del marco del “combate a la piratería on-line”, no pasará de ser una anécdota, como señala hoy Enrique Dans en su blog:
Cerrar Megaupload en medio de una operación con aspecto de película de James Bond es como intentar apagar fuego con gasolina. Una auténtica provocación, un incentivo. Los archivos que hasta hoy se hospedaban en Megaupload no van a tardar ni un dia en encontrar acomodo en otros sitios, bien desarrollados para ese mismo fin, o completamente generalistas. Dedicarse a ir por el mundo cerrando en plan peliculero cada sitio que aparezca y que sirva para hospedar archivos con derechos de autor es equivalente a crear un estado policial, y solo puede generar una respuesta: un perfeccionamiento progresivo de los métodos de intercambio. Nos hemos hartado de decirlo: la represión no funciona, solo funciona el mercado.
La acción del FBI, un día después de el apagón contra la ley SOPA, ha sido una torpeza de escala mundial pues generó la reacción de los usuarios -no a favor de Megaupload sino a favor de una internet libre- si a alguien le quedaba alguna duda o no entendía los efectos posibles de una ley como SOPA, hoy ya lo tiene todo claro gracias a que el FBI se encargó de mostrarnos un ejemplo clarísimo.
Como consecuencia, la legión de hackers convocada por Anonymous fue mayor ayer que en otras oportunidades, casi inmediatamente el ataque se dejó sentir en el Departamento de Justicia, luego en la RIAA, la MPAA, Universal Music y varios sitios más, incluyendo al propio FBI.
Muchos llaman a lo ocurrido esta semana con una “guerra”, una guerra de la industria de contenidos contra sus propios usuarios, contra la gente, contra aquellos que hemos aprendido a valorar el acto de compartir aquello que nos gusta, y nos llaman piratas a manera de insulto sin darse cuenta que cada vez más las nuevas generaciones asumen ese calificativo con orgullo y radicalizan su accionar.
Hay que buscar soluciones en lugar de represión pues sabemos que la represión no solo no funciona sino que es contraproducente.